Antecedentes Prehispánicos
Para este ambiente se describen una serie de sitios arqueológicos que denotan ocupaciones transitorias de antiguos habitantes costeros. Ya desde fines del 1800, existen descripciones y hallazgos de fragmentos de cerámicas prehispánicas vinculadas a la presencia de aguadas (Riquezas Peruanas; Anónimo, 1883). Nuñez y Varela (1967) describen un verdadero sistema de almacenamiento de agua, aprovechando las oquedades de las rocas para captar el agua que escurre desde la pendiente abrupta del barranco producto de la condensación de neblinas.
En el levantamiento arqueológico del Santuario Punta Gruesa, Méndez y Valenzuela (2023) registraron sendero de guanacos, fragmentos cerámicos y malacológicos ubicados en afloramientos rocosos junto a tafonies que fueron utilizados para la obtención de agua de niebla.
La utilización de espinas de cactus para la elaboración de anzuelos, agujas y peines, persistió durante un largo tiempo abarcando varios períodos consecutivos por los antiguos habitantes de la costa de Tarapacá. Raquel Pinto determinó que estas espinas corresponden a Browningia candelaris, especie que crece en la precordillera andina entre 2000 a 3000 m de altitud, lo que confirma que las poblaciones costeras mantenían relaciones con los habitantes al interior del desierto.
Así mismo, se ha registrado la presencia de Tillandsia landbeckii en sitios arqueológicos de la costa de la región. Esta especie crece a más de 20 km al interior, lo que reafirma la amplia movilidad de los grupos prehispánicos.
En estos ecosistemas existe una importante presencia de antiguos senderos de guanacos y punta de flecha (elemento de caza), confirmando la presencia de vegetación en los altos del acantilado costero.
Zephyra elegans
Se ha comprobado la presencia recurrente de restos de cormos de Zephyra elegans y bulbos de Oziroe biflora en sitios arqueológicos de la planicie costera, lo cual confirma que también se utilizaba la vegetación de los Ecosistemas de Niebla como alimento.
tablilla Eulychnia iquiquensis
El cactus Eulychnia iquiquensis también fue utilizado, tanto su madera como sus frutos. En excavaciones se ha encontrado madera de cactus formando parte de una techumbre junto con cueros de lobo marino. También se usó esta madera para la construcción de estructuras funerarias y confección de artefactos con forma rectangular y función desconocida. Se ha encontrado fruto de Eulychnia como ofrenda en tumbas arquelógicas (Magdalena García, 2021).
La utilización de espinas de cactus para la elaboración de anzuelos, agujas y peines, persistió durante un largo tiempo abarcando varios períodos consecutivos por los antiguos habitantes de la costa de Tarapacá. Raquel Pinto determinó que estas espinas corresponden a Browningia candelaris, especie que crece en la precordillera andina entre 2000 a 3000 m de altitud, lo que confirma que las poblaciones costeras mantenían relaciones con los habitantes al interior del desierto.
Así mismo, se ha registrado la presencia de Tillandsia landbeckii en sitios arqueológicos de la costa de la región. Esta especie crece a más de 20 km al interior, lo que reafirma la amplia movilidad de los grupos prehispánicos.
